AGUA CALIENTE PARA EL TÉ

Heisses wasser fúr den tee

Museo zu Allerheiligen, Kunstverein, Schafhausen (Suiza) 1996
Siempre hay presentimiento de algo mágico entre todo ese ajuar de hojas, raíces, huesos, grasas, pieles, pan de oro o pinturas. Es la magia de la vida que está sucediendo en cada instante, y cada cosa material o pensamiento espera el preciso instante en el que tiene que incorporarse a escena. Es ese momento mágico en que los elementos elegidos, sean materiales o ideas, se asocian y conforman materialmente.
Fotografías: Pepe Caparrós
Agua caliente para el té. 1995. Arcilla, raíces, talco y cable. 34 x 20 x 20. Colección particular Schaffhausen (Suiza).
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Sin título. 1993. Carboncillo, aceite y collage sobre papel. 31,5 x 21,5cm. Colección particular Valencia
Negra flauta dulce. 1994.
Humo sobre papel. 76,5 x 56 cm. Colección particular Valencia
Cuerpo de luz. 1994.Humo sobre papel. 95 x 127 cm.
Monasterio Zen Luz Serena Requena (Valencia).
Tierra pura. 1994.
Humo sobre papel. 95 x 127cm. Colección CGAC. Santiago de Compostela.

IMÁGENES DESLIZANTES

Corrientes

Obsérvese la agitación frenética. Las corrientes crean remolinos en las salas, en las esquinas de los papeles, en las manos que trazan las líneas previstas y que conectan, a un nivel más profundo, con flujos del interior del cuerpo a través de dispositivos análogos a los de los buscadores de agua. Los objetos a su alrededor, aparentemente quietos, no se detienen; aparentemente fugaces permanecen para siempre. La ilusión del artista/conductor (su cerebro): un gran complejo de tensiones, encauzadas o descontroladas. Pero por encima de todas las fuerzas direccionales, el deseo ascensional del fuego.

Fuego

Quien visita una exposición de hogueras no teme quemarse. La deriva en un espacio que arde es vacilante, pues los focos de calor son seductores y peligrosos. Todo acercamiento a las obras presentadas hiere: el calor se hace insoportable. Éstos son objetos que existen mientras se queman; viven, como estrellas, de su propia consunción y, aunque otros los reemplacen en el futuro, se presume que el vigor de las llamas nunca volverá ya a ser el mismo. De estas propuestas, sólo el humo es firme determinación y singular propósito.

Humo

Hasta un árbol de humo acepta el orden sumisamente. El orden es liviano: no supone carga porque soporta todo el peso. El humo es ligero; es su representación lo que lo hace definitivo e intenso. Paradoja de fenómeno fugitivo, donde revolotean los cuerpos ágiles, las hojas de luz. En un momento dado se detiene y da al artista la posibilidad de fijarlo cerca del suelo (capturado en el instante eterno). Y el artista mismo es fijado: “Sé que pesa y sin embargo lo veo flotar delante de mis ojos”.

Ausencia

Todo universo transparente es un universo vacío, por lo que el trazo, por opaco, por obscuro, detiene la luz, desaloja algún volumen. La luz no pesa, el vacío no pesa. La música flota por su inmersión en el complicado entramado de las creencias; el piano se empuja a sí mismo hacia un limbo triste; el maestro está ausente; como muerto, más allá de los límites que lo constituyen, dentro de las llamas que le separan, no precisa ya más vínculo con el mundo.

Manuel Saiz

Sin título. 1994. Humo sobre papel. 29,5 x 21 cm. / Sin título. 1994. Grasa sobre papel. 29,5 x 21 cm.
Música de vacío. 1994. 95 x 127 cm. Colección particular Suiza.
El castillo amarillo. 1995. Terciopelo y panal de abeja. 31,5 x 31,5 cm.
Vista de las montañas Nekodake. 1995. Aceite sobre papel. 59,5 x 84 cm.
Cerebro diamantino. 1995. 29 x 41cm. Colección particular Suiza.
Hoja de col. 1995. 19 x 23 x 24 cm.
Gabinete de trabajo. 1995. Pintura, pan de oro y humo sobre lienzo. 63,5 x 83,5 cm. Colección particular Madrid
Sin título. 1994. Pan de oro y humo sobre papel. 42 x 30 cm. Colección particular Santiago de Compostela
Sin título. 1995. Humo sobre papel. 65,5 x 51 cm. Colección particular
Diez. 1994. Humo sobre papel. 60 x 70 cm. Colección particular
Dibujo. Tinta y aceite sobre papel. Colección particular
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